Las nuevas plataformas digitales están cambiando el negocio audiovisual. ¿Cómo puede competir la televisión abierta frente al desafío de las grandes compañías de tecnología?

El negocio de la televisión ya no es lo que era. Primero, llegó Netflix, que comenzó a operar en 2007: la compañía sembró el terror entre los canales de televisión tradicional al masificar el servicio de video en streaming, es decir, por medio de internet en lugar de las ondas electromagnéticas. Un servicio que el usuario puede ver cuando quiera, en cualquier dispositivo y con un menú a la carta.

Después se sumó la poderosa Amazon, la empresa de comercio electrónico y de computación en la nube, y acaban de llegar Google, Facebook y Apple. Las compañías tecnológicas más poderosas del mundo quieren adueñarse del negocio del entretenimiento audiovisual. Y para no perder participación, canales como HBO y Fox también entraron en estos formatos para que sus clientes vean sus producciones a toda hora y en todo lugar.

Los servicios tipo Netflix se conocen en la industria como OTT (over–the–top) porque están al final de la cadena del negocio. No tienen antenas ni redes propias porque utilizan internet. No pagan por licencias de espectro electromagnético como los canales privados, y ni siquiera impuestos en la mayoría de países, porque no necesitan una sede en los lugares donde llegan sus servicios.

La televisión conocida hasta ahora tiene sus años contados, debido a la emergencia de nuevos modos de consumir contenidos audiovisuales, especialmente desde la generación millennial. Cada vez menos gente se sienta frente a un televisor a la hora de su programa favorito y más gente sigue series y películas en su teléfono móvil. Los nuevos televidentes prefieren ver sus series favoritas mientras se transportan o esperan en una fila.

Apple ha dado pasos especialmente resonantes recientemente, puesto que la empresa más valiosa del mundo dispone de 285.000 millones de dólares en caja para invertir sin problema en cualquier negocio. La companía de Cupertino construye un edificio de 12.000 metros cuadrados en inmediaciones de Hollywood; el año pasado reclutó a Zack van Amburg y Jamie Erlicht, dos cerebros de Sony Pictures Television, les dio 1.000 millones de dólares para trabajar en las primeras producciones de lo que será Apple Video, y contrataron a estrellas como Steven Spielberg, Reese Witherspoon, Jennifer Aniston y Gwyneth Paltrow, entre otras.

Facebook, entre tanto, reclutó a Mina Lefevre, ejecutiva de MTV, para poner en marcha su servicio de video en streaming y anunció que invertirá entre 2 y 3 millones dólares en cada una de las producciones originales que ha planeado. Y YouTube, propiedad de la poderosa Google, ya estrenó sus primeras producciones profesionales, que compartirán plataforma con los millones de videos caseros que la gente sube diariamente.

Las tecnológicas se animaron a entrar en este negocio en vista de los resultados de Netflix, que terminó 2017 con 117,6 millones de abonados en 190 países y reportó ingresos por 11.693 millones de dólares. Aunque todavía las cuentas no cuadran, dados los enormes costos operativos, es claro que el streaming tiene gran futuro. Tanto es así que Netflix invirtió 8.000 millones dólares en las producciones originales que realizará durante 2018.

Los canales tradicionales, tanto de televisión abierta como de cable, ya reaccionaron y los más importantes se están transformando al mundo digital. HBO, FOX, ESPN y otros ya ofrecen servicios en streaming por medio de apps propias, y el año pasado Disney retiró su contenido de Netflix para ponerlo en exclusiva en su nuevo servicio OTT que ofrecerá a partir del año próximo.

En realidad, los canales de televisión no desaparecerán, pero tendrán que transformarse para llegar a múltiples pantallas. Para Katiuska Véliz, gerente de televisión y video de Movistar Colombia, en el futuro convivirán diferentes modelos de negocio; “el futuro es integrar en una sola plataforma lo mejor de los dos mundos”, dice. Las empresas de telecomunicaciones, como Movistar, lo hacen empaquetando servicios convergentes de internet, televisión por cable, streaming y telefonía.

Fuente: https://www.semana.com

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