La música digital trasciende las barreras de los soportes, llegó para quedarse y ya hay un ganador
Hoy Por cientos de años, la música viene siendo parte de las sociedades, motivando, acompañando los estados de ánimo y representando la cultura. Es, junto al deporte, uno de las expresiones más integradoras, rompiendo barreras de idiomas, razas o credos.
En las últimas décadas, el ritmo vertiginoso de su expansión y personalización se incrementó exponencialmente, haciéndose más accesible e inmediata.
De los ya casi extintos discos LP, a los cassettes de los que ya no quedan prácticamente rastros, al CD que sigue su proceso de desaparición, la digitalización también experimentó cambios. Primero, prácticamente disponible en descargas ilegales y luego, de la mano principalmente de Steve Jobs y Apple, convirtiendo en rentable y legal, el negocio de la comercialización de música desde la renombrada tienda iTunes.
Pero además, la expansión de las redes móviles 3G -primero- y 4G -posteriormente- y la proliferación de conexiones Wi-Fi gratuitas en comercios, lugares públicos, organismos o escuelas, además de las hogareñas, potenciaron la aparición de los servicios en streaming.
Microsoft intentó dar el puntapié con Zune, pero no tuvo suerte, primero porque su reproductor no logró conquistar a los clientes como sí hizo el iPod.
Y fue Spotify, la app lanzada en octubre de 2008, que permite escuchar música online, la que terminó de definir el nuevo rumbo que tomaría la forma de consumir música.
La mecánica es sencilla: si uno elige la versión gratuita de la app, puede acceder a la librería completa integrada por cientos de miles de sencillos, pero con acceso limitado a pasar de tema a tema. Si uno paga un pequeño abono mensual, que puede compararse en ocasiones con una o dos tazas de café (dependiendo del mercado), las posibilidades son ilimitadas, teniendo la opción de descargar las canciones en cualquier dispositivo y acceder a las mismas sin necesidad de ninguna conexión.
Aquí se abre un universo nuevo. Porque en lugar de comprar canciones que, en muchas ocasiones, dejaremos de escuchar en el futuro, o al menos, no le daremos la misma relevancia que cuando nos gustó inicialmente, tendremos la llave de abrir y cerrar la puerta de los singles o álbumes con los que nos identifiquemos en este momento, lugar y estado de ánimo.
Apple, se dio cuenta -quizás un poco más tarde de lo que debería- de que el modelo de comprar canciones a un dólar (o un poco más o menos dependiendo del tema), ya no iba a durar mucho más tiempo y desde el 30 de junio estará disponible en 100 mercados Apple Music, una propuesta similar a la de Spotify, con algunas mínimas diferencias, como su radio Beats1, videos (compitiendo con YouTube) y -se presume- una selección más “curada” de los temas que se adaptarían a nuestros gustos, a modo de sugerencia.
También la compañía que hoy está en manos de la dirección de Tim Cook, da un paso más y hace disponible el servicio tanto para Windows como para Android, siendo consiente de que aún el mercado de computadoras está dominado por Microsoft, mientras que el de móviles lo ostenta el OS de Google. Esta es una señal de que Apple no está disputa a perder en su próxima batalla.
El modelo de Spotify es mixto: la versión gratuita, que se sostiene con publicidad y una premium, que tiene un valor de U$S 9,99 (usuario único) y U$S 14,99 (hasta dos usuarios), siempre en Estados Unidos. En Argentina, atentos a la realidad del mercado, el precio es mucho menor y oscila los 40 pesos.
Apple no ofrece una opción free y también costará U$S 9,99 en Estados Unidos para uso privado y de U$S 14,99 para una familia de hasta 6 miembros (aquí saca ventaja a Spotify). Aún no se sabe qué pasará en el país.
Y aquí, saber quién ganará la batalla, estará ligado a dos componentes: por un lado, el precio, y por otro el branding. El peso de la marca de Apple, especialmente para los usuarios de iPhone y iPad, es muy fuerte y sus clientes están acostumbrados a pagar más que el resto por productos “relativamente” similares.
Aún hay personas que se resisten a la propuesta del streaming ya que creen que no serán dueños de la música. Y esa es una realidad: no lo serán. Pero tampoco son dueños de los programas de televisión que ven en la TV por cable o de las películas que miran en el cine. Y cuando una serie o film, les gusta mucho, van y lo compran para el recuerdo. Y el modelo para ellos también cambió. Porque, para qué comprar una serie o película, si podremos acceder a ellos en cualquier momento y lugar: en cualquier dispositivo (tablet, smartphone, notebook o computadora de escritorio).
La digitalización también trae un cambio de paradigma de los soportes que utilizábamos para escuchar canciones. Ya no necesitamos un tocadiscos, o una casetera o un disc-man, o una PlayStation. Cuántos tienen en sus casas un tocadiscos? Y si alguien lo tiene… cuándo lo usa? Lo mismo pasa con el resto de los dispositivos.
La música digital trasciende las barreras de los soportes. Y estará allí, siempre. Para escuchar donde queramos, incluso, en el próximo dispositivo evolutivo que supere a los celulares o las tabletas. No sabemos cuál será la próxima revolución en gadgets. Pero si sabemos que sea cual sea, la música seguirá estando. Y en la batalla Apple vs. Spotify, ya sabemos quién será el ganador: nosotros, los consumidores.
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