Esta tecnología permite escuchar canciones conectado a Internet o descargarlas en un dispositivo reproductor y potencian el consumo legal al nutrirse de catálogos de plataformas de escucha como Spotify y Daazer. Apple y las estrellas también están detrás de este pastel.
El futuro de la industria de la música pasa por el “streaming”, como lo demuestran los anuncios realizados el lunes por Apple y lo que se observó a principios de junio en el MidemLab de Cannes, donde una treintena de empresas emergentes presentaron sus propuestas dentro del Mercado Internacional del Disco y la Edición Musical (MIDEM), en esa ciudad francesa.
Procedentes de todo el mundo, algunos de estos emprendedores apenas superan los 25 años y la mayoría reivindica la estética desenfadada de los gurús de Silicon Valley.
Los jóvenes participantes del MidemLab, la competición de “startups” más vanguardista del sector, son la selecta cantera de la industria musical.
Bajo la mirada de los 18 emprendedores que forman el jurado y ante un público compuesto casi exclusivamente por profesionales y cazatalentos, los finalistas dispusieron del escenario del Palacio de Festivales de Cannes durante un puñado de minutos, una ocasión que exige ingenio, oratoria y músculo didáctico.
Concebido como un acelerador empresarial, la octava edición del MidemLab impulsa tres categorías de diez candidatos, una relativa a la simple escucha y la recomendación y creación, otra al hardware y la electrónica o los objetos conectados, y una última centrada en la mercadotecnia y las redes sociales.
Desde redes sociales de afinidad o plataformas de amateurs a detectores de canciones y movimiento, pasando por un reproductor que pincha música conforme a la temperatura ambiente, las novedades de este año recorren todo el espectro creativo del sector.
Pese a todo, y a imagen de una feria marcada por el auge de la escucha en línea, el “streaming” concentra de nuevo todas las atenciones.
Se trata de un mercado cuya penetración entre los usuarios de internet todavía resulta limitada, en torno al 2 % o 3 %.
Presente gracias a la red colaborativa de fans que tejió al concluir la universidad, uno de ellos, llamado Kenji, recordó que el auténtico premio es “integrar la selección final”, un espaldarazo que empuja a los proyectos casi por inercia al mundo profesional.
Sus referencias son los exitosos casos de compañías como SoundCloud o Songkick, dos herramientas ya consolidadas entre los usuarios de la web que dieron sus primeros pasos tras alzarse con el primer premio, que garantiza la asesoría de expertos y un seguimiento al milímetro de la idea por los popes de la industria.
Pero no hace falta echar mucho la vista atrás para comprobar la eficiencia del MidemLab. Sólo en 2014, los candidatos seleccionados por esta aceleradora empresarial reunieron 7 millones de dólares (6,2 millones de euros), mientras que la firma ganadora, Blitzr, es hoy la mayor base musical del mundo con un catálogo de 40 millones de títulos.
“Si no estás aquí, no estás en ningún sitio. De pronto he tenido acceso a gente con la que nunca habría podido conectar”, explicó a la agencia Efe Josquin Fargue, uno de los fundadores de SoundsGood, una de las ideas finalistas.
Este ex DJ de 28 años ideó junto a dos amigos esa red social que, apoyada en un reproductor universal, agrupa los repertorios de YouTube o de servicios de “streaming” como Deezer o Spotify para conceder el poder a los “usuarios que marcan tendencia”.
“La idea es permitir a la gente con criterio compartir sus listas de música y llegar al mayor número posible de público”, relató Fargue, que ya ultima el desembarco de su plataforma en España o Inglaterra.
Al principio eran DJ, periodistas o simples profesionales del negocio, pero pronto otros usuarios anónimos atrajeron la curiosidad de los internautas, argumenta este emprendedor para acabar formulando una metáfora del actual ecosistema de la música: los pequeños comienzan a suscitar la atención de los grandes.
“Somos la nueva generación, los evangelistas del ‘streaming’”, aseguró Fargue, que pasó de ser becario a contratar a diez.
¿El fin de la piratería?
Deezer es un servicio de escucha en línea, el segundo más potente del mundo después del sueco Spotify y la punta de lanza de la “explosión del streaming”, un mercado emergente que, según aseguró el flamante consejero delegado de la firma, Hans-Holger Albrecht, “acabará con las descargas ilegales”.
“No veo ninguna razón para piratear música, hoy alguien puede acceder a cualquier catálogo gracias a servicios como Deezer, que permiten descargarlo y escucharlo offline por un precio fijo. Es la gran alternativa a la piratería», sostuvo en Cannes Albrecht.
A este alemán graduado en la Universidad de Yale y padre de siete hijos le gusta citar el caso de Suecia, un histórico reducto de la piratería en línea que hoy, tras la irrupción del sector que encabeza Spotify, se convirtió en una suerte de paraíso del “streaming”.
El rapero estadounidense Jay Z carbura desde hace meses Tidal, una plataforma de inspiración similar que se sumará a la batalla por el trono.
A Deezer, que cuenta con 6 millones de suscriptores de pago en más de 180 países, no le preocupan el resto de competidores.
«Estamos ante un mercado complejo, pero nuestro modelo funciona, los beneficios crecen muy rápido y ahora hace falta mantenerse entre los actores principales del juego», razonó Albrecht, quien vaticinó que el pastel se lo repartirán “cuatro o cinco gigantes”, en lugar de “un solo ganador”.
Gramofon, la apuesta de Varsavsky
El fundador de Jazztel y consejero delegado de la red Wi-Fi global Fon, el hispano-argentino Martín Varsavsky, presentó en el MIDEM de Cannes su último proyecto, Gramofon, un dispositivo que transforma cualquier equipo de audio en un reproductor Wi-Fi.
Varsavsky razonó su idea partiendo de una cuestión: “¿Por qué el vídeo envejece tan mal y, sin embargo, los antiguos sistemas de audio siguen proporcionando un buen rendimiento?”
Tras esa constatación, que ejemplificó con humor al criticar el común empeño de conectar los “smartphones” a desfasados equipos de sonido, el emprendedor se planteó la posibilidad de diseñar “un gadget capaz de rescatar los viejos sistemas de audio”.
Tras reunir 315.000 dólares en 2014 gracias a una campaña de “crowdfunding” en la plataforma Kickstarter, el padre de Jazztel y “Ya.com” se propuso combinar su afición por la música con otra de sus aventuras empresariales, la red Fon, presente en 15 millones de hogares.
“Sabía que los mejores equipos de sonido del mundo no estaban conectados a internet de un modo eficiente”, reconoció Varsavsky, antes de confesar que siempre se había sentido “intrigado” por la posibilidad de controlar el funcionamiento de una vivienda a través de un «smartphone».
De ambas frustraciones nació Gramofon, una suerte de “pequeña computadora” que, conectada a un dispositivo de audio, da señal Wi-Fi a todas las personas que se hallen en una casa y les permite elegir la música que suena en cada estancia.
El invento, “diseñado para los salones del siglo XXI”, se sustenta en la idea de “casa inteligente”, dotada de Wi-Fi y orbitada en torno a los “objetos en línea” y el salón como espacio físico de encuentro y ocio.
Se trata, precisó mientras distribuía entre el público algunos ejemplares, de “un regreso a la dimensión social” de los primeros tiempos de la música.
“Me parece alienante usar unos cascos para escuchar música en casa, cuando la música está en realidad pensada para un disfrute en sociedad”, agregó Varsavsky.
Además de poseer un mayor radio de alcance y permitir conexiones simultáneas, Gramofon potencia el consumo legal de música al nutrirse del catálogo de la plataforma de escucha en línea Spotify, una condición que exige al usuario registrarse como cliente pago del servicio.
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